Estudio de la vivencia, los tránsitos y los traspiés.

 

Travesías periféricas explora los efectos que deja la movilidad urbana en los cuerpos de la periferia de la megaurbe. Indagamos distintas facetas de la experiencia social que se desarrollan a partir de los tránsitos en una ciudad dislocada por las barreras invisibles que separan la CDMX del EDOMEX , a partir de la desconexión de los transportes y de la precariedad de los mismos. Una migración entre la performance y la antropología urbana nos permitirá tener otras lecturas y experiencias de las huellas del tiempo en trayectos interminables, de la falta de ergonomía y de accesibilidad, de la masificación, del miedo a los constantes asaltos y al acoso sexual y del coste de los pasajes en las economías de dos tercios de los habitantes del Valle de México. La memoria de sus espacios autoconstruidos que no recoge la historia oficial. La relación de todo ello con la espacialización de las enfermedades de la gran ciudad. La puesta en relación de nuestros dramas sociales con los procesos artísticos coadyuvará a la producción de una mirada más compleja acerca de la relación arte-comunidad. A través de una serie de acciones performáticas como caminatas, recorridos en transporte público, audición de fragmentos de entrevistas etnográficas, exposición de material visual y encuentros organizados, se bordará un caleidoscopio de narrativas acerca de las formas de existencia en movimiento, de nuestras estrategias de supervivencia, de formas de crítica y reapropiación para habitar efímeramente los no- lugares de nuestra vida en tránsito. En éste caso la etnografía como generador de conexiones entre diversos discursos es soportada por la dramaturgia, que opera como un elemento que dota de sentido a los procesos investigativos tanto etnográficos como de la performance. Nos interesa particularmente el modo en que las personas que decidan participar en estas travesías dialoguen con todo esto. El análisis de su experiencia previa y de su vivencia en la performance también nos permitirá una aproximación a las sinergias sociales de una ciudad poliédrica.

CAPÍTULO 1
“A VALOR MEXICANO”
PROGRAMA PERFORMÁTICO

Realizaremos un recorrido en transporte público desde alguna zona “céntrica” de DF hacia un lugar concreto del Oriente del Estado de México.

Citaremos a un grupo de personas a las que les habremos mandado una invitación con una pequeña descripción de la acción y los datos del lugar de encuentro.

Al llegar al lugar de partida, les daremos la bienvenida y daremos a cada persona un dispositivo mp3 que contendrá un audio editado con fragmentos de las entrevistas realizadas.

Accionaremos al mismo tiempo el mp3 para empezar el recorrido.

Iniciaremos en la entrada principal del Museo Universitario del Chopo. Caminaremos hasta la entrada de la estación del metro Revolución y entraremos para tomar dirección Taxqueña hasta metro Chabacano. Ya en Chabacano transbordaremos hacia la línea 9 en dirección a Pantitlán.

Al llegar a la terminal Pantitlán descenderemos del vagón y buscaremos una línea color rojo puesta en el piso y nos colocaremos de pie sobre ella y miraremos lo que hay en el horizonte. Estaremos ahí un par de minutos.

Después continuaremos caminando hacia los andenes del Mexibus para esperar el convoy EXPRESS 1 que nos llevará hasta la estación Rayito de sol, que está en la intersección de 4ta avenida y Av. Vicente Villada.

Al llegar ahí descenderemos para tomar una combi que nos llevará sobre 4ta avenida hasta calle La Ardilla en donde bajaremos de la combi y caminaremos media calle hasta el número 256, para entrar en la casa de la familia Mora Reyna. En ese momento los audios habrán finalizado. Subiremos hasta la azotea del tercer piso donde habrá una silla para cada persona, en la que podrán sentarse para contemplar por unos minutos el horizonte (todo ciudad Neza). Después bajaremos a la sala de la casa a compartir una cena y charlar respecto a la travesía.

 

TRAVESÍA 1
“A VALOR MEXICANO”
El oriente del Estado de México.
Ciudad Nezahualcóyotl, Chimalhuacán, Chalco, Los Reyes.
24 de noviembre de 2018

Como forma de poner en práctica la larga teorización y el acopio de materiales como entrevistas y testimonios, decidimos realizar una primera prueba de los recorridos del centro a la “periferia”. Elegimos el recorrido, en transporte público, hacia el oriente de la zona metropolitana que consistía en ir desde el Museo del Chopo en Ciudad de México hasta la colonia Benito Juárez en Ciudad Nezahualcóyotl.

A lo largo de estos tres últimos meses del otoño de 2018, hemos ido desarrollando un trabajo de campo que ha combinado la observación no obstrusiva, la conversación informal en el transporte público tanto de la CDMX como de diversos municipios del oriente del EDOMX, entrevistas personales semidirigidas y grupos de discusión con comunidades de mujeres de tercera edad. El trabajo de campo, en su conjunto, lo hemos desarrollado en diversas líneas de metro, suburbano, metrobús, mexibús, combis y peseros de la CDMX y Nezahualcóyotl, Chimalhuacán, Tlalnepantla, Los Reyes, Chalco y Valle de Chalco.

En estos municipios nos resultaba más fácil el acceso a la información y a las entrevistas a través de nuestros contactos, allegados, familia y redes sociales, por lo que, en su día, tomamos la decisión de comenzar a trabajar en ellos antes que hacerlo en otros municipios de la periferia occidental del EDOMX, donde tenemos proyectado hacerlo en un futuro cercano y para lo que también estamos recabando información y contactos. Por esto y porque conocemos mejor el terreno del oriente.

Hemos ido redactando un diario de campo de nuestras observaciones e hipótesis preliminares a la vez que realizábamos las entrevistas y los grupos de discusión, al mismo tiempo que analizábamos las grabaciones, seleccionábamos material auditivo para la práctica performática y rediseñábamos nuevas entrevistas a partir de la información ya obtenida.

Cabe señalar que nuestro trabajo etnográfico realizado hasta la fecha y del que se nutre esta primera travesía no se encuentra concluso en modo alguno. Por el contrario, es el inicio de una larga línea de investigación y de acción artística que también se desarrolla, hasta el momento, en el marco de una residencia conjunta en el Museo Universitario El Chopo de la CDMX y en el TFM de Jesús Espasandín del Máster Universitario en Investigación Antropológica y sus Aplicaciones de la UNED (España), bajo la dirección de la Profesora Montserrat Cañedo, además de este primer trabajo que presento ahora en el marco de mi Diplomado en Antropología del CIESAS (México). Por tanto, tanto el trabajo etnográfico como las acciones performáticas continuarán en un futuro cercano y seguirán un continuo proceso de rediseño y análisis.

Todo el trabajo con el material auditivo de las entrevistas fue verdaderamente complejo pues había que escuchar cada una y seleccionar fragmentos para el audio del recorrido. Hasta ahora hemos realizado una veintena de entrevistas en los últimos tres meses, en Ciudad Nezahualcóyotl, Chalco, Chimalhuacán, Los Reyes la Paz. Realizamos una pista de 1:45 minutos que metimos en 8 dispositivos mp3 con audífonos, para ser escuchados por cada invitado.

Nos reunimos a la entrada del Museo Universitario del Chopo a las cinco de la tarde y emprendimos el recorrido. Primero llegamos al metro Revolución (5 min.) y ahí tomamos la dirección Taxqueña. Lo primero fue encontrar la aglomeración para poder abordar un vagón (10 min.). Cuando al fin abordamos, el tren se detenía mucho tiempo en cada estación, así hasta Chabacano (30 minutos aprox.). Tuvimos problemas técnicos con los audífonos en éstos primeros minutos y paramos a comprar otros en Chabacano. Ya en Chabacano, realizamos el transborde hacia la línea 9 en dirección Pantitlán (20 min.). Al llegar hicimos el cambio hacia el Mexibus, el cual toma cerca de 15 minutos más la espera por el bus (10 min.). Durante ese cambio nos encontramos con Israel, una de las personas que habíamos entrevistado días antes, se los presenté y hablamos brevemente.  Abordamos el convoy del Mexibus que se adentra en Ciudad Neza y llegamos hasta la estación Rayito de Sol (25 min.) que está en 4ta avenida y Av. Vicente Villada. Ahí tomamos una combi hasta nuestra casa, que tarda 5 minutos. Entramos a casa y condujimos a la gente hasta la azotea del edificio de tres pisos. Ya en la azotea teníamos preparadas sillas para que se sentaran a mirar el paisaje, la vista de toda la ciudad, los cerros y las lejanías del DF. (que en los días claros se alcanza a ver hasta Santa Fe). Para ese momento el audio ya había finalizado y estábamos contemplando la cuidad en silencio.

Bajamos hasta la sala de casa y terminamos el recorrido con una cena y la charla de lo que había sucedido.

Para la realización de la acción, pusimos total énfasis en la ruta y el audio. En la ruta por los espacios que deseábamos que la gente atravesara y las imágenes que queríamos que miraran. Y el audio editado con fragmentos de las respuestas en las entrevistas más algunos momentos de música.

Lo que esperábamos que sucediera era que esas voces que iban escuchando, con aquellas vivencias respecto al transitar en la ciudad, interpelaran en conjunto con las imágenes que se nos iban atravesando en el avanzar, como en una especie de empatía o distanciamiento. Sucedió de forma parcial ya que los participantes manifestaban que el traer los auriculares e ir el metro los conducía automáticamente a abstraerse y no poner atención a lo exterior. Manifestaban también que estaban ya extenuados en Pantitlán por la lejanía y lo tedioso que resultaba un audio de casi dos horas de sólo testimonios y poca diversificación del ritmo.

Nos hicieron sugerencias respecto al ámbito dramatúrgico de la acción. Por ejemplo, el uso de guiños como imágenes colocadas en diferentes partes del camino, frases que aparezcan de repente, fotos o contacto con personas y encuentros colectivos, como el que sucedió con Israel en Pantitlán. También echaron de menos una referenciación teórica durante el camino. Quizá algún dato estadístico o nuestras razones afectivas de éste trabajo.

Ya en la fase previa de edición de materiales para los audios, nos planteábamos el dilema de incluir o no los aludidos elementos referenciales que necesitaban como expectadores para contrarrestar la “dureza” del trayecto. Estuvimos tentados de hacerlo así cuando comenzamos a organizar la dramaturgia, pero nos decantamos por reducir nuestra intervención al mínimo en los audios con el propósito de reducir al máximo nuestra presencia en los mismos con el objetivo de minimizar el condicionamiento de la experiencia de los y las participantes. Deseábamos, ante todo, aproximarlos a la experiencia del otro de la forma más directa posible, conscientes de las múltiples mediaciones que este acercamiento ya tendría a priori a partir del sesgo del marco teórico a la hora de realizar las entrevistas y editar los materiales de la dramaturgia. No quisimos que la devolución de los participantes pudiese estar, de algún modo, contaminada por nuestra propia interpretación, que sin duda alguna, fuimos desarrollando en la plática informal posterior a la entrevista de devolución. Esto nos refuerza el dilema de partida y nos arroja un primer interrogante con el que no habíamos contado en el diseño de esta práctica experimental: ¿Existe posibilidad de riesgo o interferencia entre la pretensión analítica de la antropología urbana y las necesidades estéticas y expresivas de la performance que compliquen la intersección epistemológica entre ambas? Si fuese así, ¿De qué modo solventarlos, reducirlos o apaciguarlos?

Había dos de los invitados que estaban muy habituados a usar el transporte público y recorrer distancias largas por lo que nos comentaron que sería preciso pensar en por qué la gente desearía hacer un recorrido así, es decir, qué tenemos que trabajar para motivar la curiosidad o la necesidad de hacer éste viaje.

Cabe mencionar que nuestros invitados eran personas del teatro y de la música, bastante inmersos en la performance y la experimentación por lo que sus comentarios estaban muy dirigidos a los aspectos de construcción performática. Alcanzaron a hacer algunos comentarios sobre su experiencia en términos afectivos, físicos o emocionales. El cansancio, el agobio, y algunos recuerdos de los años de estudiantes en sus trayectos en trasporte por la cuidad.

Tomaremos mucho en cuenta todas las observaciones para reformular los recorridos y poner mayor énfasis en la dramaturgia como un articulador del sentido entre las conexiones de cada discurso y espacio transitado.

Asimismo, de esta misma conversación emergieron nuevos interrogantes para continuar el trabajo cualitativo de la indagación etnográfica del que hemos extraído el material de lo real para el accionamiento de la pieza:

 

  • ¿Cómo se sobrevive al trayecto en metro más allá de la seguridad, cómo nos adaptamos? ¿Qué particularidades existen en los automatismos del cuerpo que desarrollamos los usuarios del metro de la CDMX para adaptarnos al hacinamiento y a la longitud de los trayectos? ¿Cómo y por qué nos distraemos? ¿En qué artículos de la venta ambulante gastamos y por qué? ¿Qué relación tiene ese gasto con las peculiaridades de los traslados?
  • ¿Por qué se proyectan los videos que se proyectan en las pantallas del Mexibus?
  • ¿Por qué seguimos viviendo en la CDMX?

 

Todos esos interrogantes quedaron fuera de la indagación etnográfica realizada hasta ahora en el marco de este proyecto y, por tanto, de la acción performática, pero podrán ser incorporados en un futuro al ámbito de nuestro análisis.

Más complejo aún, resulta la cuestión de cómo accionar con personas acostumbradas a los tránsitos periféricos en transporte público. Dos de las personas que participaron, Nora y Edgar, residen en Iztapalapa y suelen utilizar estos medios de transporte en su rutina diaria, por lo que el extrañamiento que manifestaron haber experimentado durante la acción fue menor de lo esperado. Su propia experiencia corporal del cansancio fue también sustancialmente menor que refirió el participante restante, Rubén, que no acostumbra a realizar trayectos tan largos en metro. En cualquier caso, todos ellos coincidieron en que la experiencia había puesto a prueba sus cuerpos, en calificar su propia experiencia cotidiana de movilidad urbana como una “pesadilla”. Nora llegó a manifestar que su experiencia personal con la ciudad es la de un “padecimiento”: “esta ciudad está hecha para padecerla”. Más allá de las consecuencias dramatúrgicas que se desprenden del hecho de que los participantes hayan podido también “padecer la experiencia performática”, esta primera acción no ha desatado un fenómeno de desanclaje ni de perplejidad con respecto a las retóricas de la ciudad ni a las experiencias cotidianas de los participantes. Las cuestiones novedosas que han destacado en su devolución se han suscitado más en los ámbitos de la memoria y del apego al lugar que han salido a colación en los fragmentos de las entrevistas seleccionados para los audios.

De todos modos, la acción performática se extendió en el tiempo en las horas de conversación posterior, dado que la cena con los participantes en Nezahualcóyotl no sólo consistió en una mera devolución crítica de su participación en la travesía. Más allá de las críticas a la dramaturgia y a la etnografía, la plática terminó derivando hacia los derroteros de la experiencia urbana. El extrañamiento surgió a partir de algunas vivencias que les relatamos y que habían quedado fuera de los audios porque procedían de la conversación informal o de la observación no obstrusiva. Es por ello que la devolución se desdobló en grupo de discusión. Días antes, en el análisis y transcripción de las entrevistas, nos había llamado la atención el uso reiterado por parte de algunas personas de la expresión “a valor mexicano¨ como forma de describir experiencias extremas de movilidad relacionadas con la enfermedad y el tránsito hacia hospitales lejanos (hasta tres y cuatro horas de camino desde sus lugares de residencia). Mi compañero de investigación, Jesús Espasandín, no la conocía y se la traté de “traducir” como “a la buena de Dios” o “a pecho descubierto”, es decir: así como va, sin protección o en absoluto desamparo. Eso nos condujo a valorar la conexión entre esa expresión y una posible caracterización general de la movilidad periférica en la megaurbe: ¿Nos desplazamos “a valor mexicano”?

Los participantes conectaron esta expresión con la propia historia de la ciudad. “Pues así se hizo esto…” Aquella aseveración del dramaturgo Rubén Ortiz detonó una discusión sobre el propio proceso de formación de Tenochtitlán que contrastaba la épica mítica de las fuentes historiográficas con las condiciones de insalubridad del territorio. Y lo que comenzó como un comentario jocoso y distendido terminó en una reflexión seria acerca de los efectos de la centralización sobre las formas de vida en el Valle de México. Ese debate forma parte, justamente, del núcleo del objeto teórico de nuestra investigación y conseguimos llegar a él a partir del grupo de discusión suscitado a partir de la travesía, sin que nosotros – ni los entrevistados de los audios – hubiésemos introducido tales conceptos en la charla. Más allá de proporcionarnos información sobre la percepción de la fragmentación urbana de los participantes, nos abrieron una nueva línea de reflexión en torno a la vinculación entre la expresión y algunos momentos decisivos de la experiencia urbana de los y las de abajo en el Valle de México. ¿Se construyeron también las periferias del Valle de México “a valor Mexicano”? ¿Y las reconstrucciones mismas de la ciudad tras los terremotos de 1985 y 2017? ¿Qué vinculaciones nos sugiere esto entre la movilidad y otras facetas de la vida urbana en esta megalópolis?

Creemos que, por el carácter preliminar de esta experiencia y por el perfil de los participantes (todos ellos procedentes del mundo del teatro, la música y la dramaturgia), la experimentación etnográfica asociada a la pieza se redujo drásticamente – debido a la deriva “técnica” y “dramatúrgica” de la mayor parte de la conversación – pero no desapareció. Si bien las primeras impresiones y comentarios gravitaron en torno a la estructura de la pieza y sus efectos sobre el cuerpo de los participantes, los debates sobre la ciudad que nos propusimos suscitar a partir de la pieza no dejaron de hacer acto de presencia sin que tuviésemos nosotros que estimularlo directamente. Por ello consideramos que es muy probable que, a partir del accionamiento de la pieza con personas de otra extracción social y profesional y sin la confianza imbuida por el conocimiento previo con respecto a nosotros, la dimensión experimental de la devolución de la performance en el ámbito antropológico pueda profundizarse notablemente con respecto a esta primera travesía. Si contásemos con la participación – a saber –  de un médico, un policía, una abogada, la señora de la tienda o una ama de casa seguramente obtendríamos unos matices tremendamente interesantes y dotados de sentidos íntimos o distanciamientos tajantes.

 

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