Cartografía del Cuerpo

por Sofía Fuentes

¿Cómo entendemos el cuerpo hoy en día? ¿Estamos conscientes de su condición de espacio, de fenómeno social y cultural, y de todos los simbolismos que él alberga? ¿Sabemos qué uso le da el actual sistema político y económico? ¿Llegará el momento en que podamos dejar de pensar el cuerpo, ser independientes de su presencia física?

Todas las acciones que llevemos a cabo en nuestra vida cotidiana implican la intervención de nuestros cuerpos; nuestra existencia es en primer término corporal, es por medio del cuerpo que construimos una relación con el mundo. Sin embargo, pocas veces reflexionamos sobre las posibilidades del mismo y sobre cómo ha sido este construido por medio del contexto social, cultural y político en el que nos encontremos insertos.

Tener cuerpo implica experimentar sensaciones, percepciones, sentimientos, ritos de interacción como la seducción, entrenamiento físico, sufrimiento y dolor; somos un reflejo de las significaciones y los simbolismos que dan sentido y forma a nuestra existencia colectiva, ¿pero podremos hacer consciente esta experiencia y convertirla en un experimento que nos ayude a entendernos mejor, a construirnos como un nuevo tipo de sujeto y a generar nuevas formas de relación social? ¿Qué nuevos sentidos podremos lograr que nuestro cuerpo emane?

Estas fueron algunas de las preguntas que me acercaron a la investigación sobre el cuerpo, su construcción histórica y el uso que tiene en la modernidad. Para poder seguir indagando al respecto uno de mis principales anclajes teóricos fue Le Breton, quien ha dedicado una extensa parte de su obra a hacer sociología y antropología del cuerpo. A lo largo de sus obras, Le Breton hace un análisis de la manera en que el cuerpo funciona hoy en día, de los distintos sistemas sociales que recibe y de los símbolos y significantes que este es capaz de emitir.

De acuerdo con él, vivimos en una sociedad del tipo individualista, donde el cuerpo se ha vuelto un objeto de hedonismo, de individuación donde cada individuo ahora está a cargo de su propia transformación y estetización; el cuerpo se ha transformado en una marca personal y distintiva frente a los otros, una frontera que ayuda a distinguirlo de los demás más que a unirlo hacia ellos. Nos hemos separado no sólo entre nosotros mismos, también de nuestro mundo, del cosmos en que habitamos e incluso nos hemos separado de nosotros mismos al tratar al cuerpo como algo ajeno a nuestro espíritu, nuestra mente y nuestro ser social.

Para poder ahondar en la manera en que el cuerpo y su dimensión social, así como su capacidad de movimiento y representación funcionan en la época actual, fue necesario entenderlo no sólo como un objeto estático sino como un fenómeno dinámico, adaptable y cambiante. Es por ello que los estudios del performance guiados por figuras como Amelia Jones, Judith Butler y Richard Schechener fueron cruciales para poder dar profundidad al objeto de estudio – el cuerpo – y aproximarme a él desde distintas vías de análisis. Otra gran aportación para entender la manera en que el cuerpo determina nuestra cotidianidad y de qué manera este esta predeterminado desde nuestro nacimiento y nuestra educación provino de los estudios feministas.

Dichos estudios me hicieron comprender que nuestro cuerpo es también un escenario teatral donde la performatividad se convierte en un imperativo dentro de un intento por regular la manera en que los otros nos ven. Nos hemos convertido en un cuerpo que en realidad es mercancía, un valor de cambio usado de acuerdo a nuestros propios fines e intereses dentro del entramado social. Pieza clave dentro de un juego de apariencias, si se quiere.

El entender la manera en que el performance se relaciona con el cuerpo permite ver cómo este se despliega en su dualidad pensamiento-acción; permite también estudiar la manera en que el saber se transmite socialmente a través de la regulación y educación corporal. También me obliga a pensar de qué manera pesa el sexo – así como la identidad sexual – sobre el cuerpo y sobre la percepción personal de uno mismo y de sus relaciones con el mundo exterior.

Estas inquietudes, transformadas en necesidad de búsqueda, fueron las que me llevaron a desarrollar el proyecto aquí presentado: Cartografía del Cuerpo, y cuyos resultados son mostrados a manera de fotografías. Plantear al cuerpo como un espacio que puede ser cartografiado es entenderlo como tiempo, como lugar y como metáfora, para separarnos así de la idea de él como una propiedad o posesión individual. Fue indispensable para lograr respuestas el plantear al cuerpo como un lugar privilegiado para el análisis y la observación social.

Antes de explicar en qué consistió la cartografía del cuerpo, es necesario que añada la razón por la cual a un estudio de esta índole no fue suficiente trasladarlo a un mero artículo académico. El Diplomado de Antropología del Arte, no sólo me brindó nuevas herramientas de análisis teórico, también me ayudo a entender la importancia de la creación – sea o no considerada como artística, ya que toda creación de una u otra manera es simbólica – dentro de un contexto de entendimiento social y personal y que también puede resultar en el aprendizaje, en la introspección y que incluso puede ayudar a la sanación y al cambio o al menos al cuestionamiento, una vez más tanto individual como socialmente.

Lo anterior aunado a un previo interés mío por la fotografía me obligaron a buscar nuevas salidas para todos mis intereses teóricos y académicos, una salida que fuera de cierta manera novedosa – al unir la investigación con la creación en una relación donde ambos son igual de vitales – y que permitiera un mayor nivel de introspección y de intimidad que la que permite el artículo académico y que al mismo tiempo pudiera tener un mayor alcance en términos de difusión.

Toda esta conjunción de ideas fue la que me llevó a preguntarme hasta qué punto por medio de la exploración visual de mi propio cuerpo puedo estudiar el carácter individual que éste proclama, así como el carácter social y simbólico que innegablemente manifiesta esa otra historia que no es la mía.

¿Por qué una cartografía? Cuando hablo de una cartografía del cuerpo me refiero a la posibilidad de mapear nuestros propios cuerpos, es decir desagregarlos parte por parte para entender que funciones tanto físicas como sociales y espirituales inclusive cumplen cada una de ellas. La cartografía también se refiere a la capacidad de dejar constancia de lo anterior, de hacer un registro que pueda ir cambiando según vayan cambiando nuestras aproximaciones al cuerpo. Al igual que un mapa, la cartografía permite entendernos, posicionarnos respecto a nuestro lugar en la sociedad y ayudarnos a descubrir nuevos lugares, nuevas maneras de vernos y por lo tanto jugar con la posibilidad de crear nuevas maneras de representarnos ante los demás, de dar nuevos usos, nuevos símbolos a nuestros propios cuerpos.

La cartografía también permite brindar una narrativa simbólica, que a su vez de sentido a nuestra existencia material. Si como dice Robert Tally “la experiencia de estar en el mundo es una navegación” (localizarse con relación a los otros, trazar rutas, orientarse en el tiempo y el espacio, ocuparse y desplazarse) (Tally, 2012), ¿no valdría la pena entender cómo navegamos personalmente nuestro propio cuerpo?

En este caso, hacer un mapeo – es decir, una cartografía – de mi cuerpo consistió en encerrarme desnuda por varias horas con una cámara y un espejo lo cual posibilitó hacer un recorrido de mi cuerpo para entender cuántos símbolos, valores, imposiciones cargamos en cada una de nuestras partes corporales, pero, también me permitió explorar nuevos caminos que vislumbren una nueva manera de relacionarse con el propio cuerpo y con el cuerpo de los demás. Este recorrido corporal y su sistematización es lo que en esencia constituye la cartografía.

Para lograrlo exitosamente fue necesario tener disponibilidad de tiempo y de espacio, desatenderme de toda urgencia exterior y dedicarme solo a mí, a mi conocimiento, a mi autoexploración y a la parte lúdica del trabajo con luces y espejos para experimentar de qué manera era posible fotografiarme. Buscaba al estar sola con mi cuerpo, primero verme, realmente verme, con atención, sin presiones ni prejuicios, tomar el tiempo para apreciar mis texturas y mis formas.

A partir de ahí fue necesario debido a los objetivos del proyecto identificar las partes de mi cuerpo que yo consideraba como las más simbólicas, su simbolismo podía tener distintos origines: su carga histórica, la importancia personal que yo le otorgaba, la necesidad de hacer uso de estas partes diariamente para relacionarnos e interactuar con otras personas y con los objetos que definen nuestra cotidianidad, así como sus múltiples y variables significaciones sociales.

Posteriormente, vino la parte lúdica; ya teniendo identificadas las partes que me interesaba explorar fui jugando con luces y un espejo para ver de qué distintas maneras podía fotografiarme, es por eso que muchas de las fotos se encuentran borrosas o fuera de foco o inclusive podríamos decir que no cumplen con los estándares estéticos que se esperan de una fotografía. Cabe mencionar que el interés de mis fotografías era no sólo dejar constancia de las partes de mi cuerpo que yo consideró las más relevantes, sino tomar fotos que permitieran apreciar nuevas maneras de ver dichas partes, ya sea por medio de las líneas que generan, de la creación de nuevas formas, del juego de luces, o apreciando nuevas texturas que normalmente no tomamos en cuenta al vernos al espejo. En pocas palabras, es un intento por generar nuevas miradas, nuevas perspectivas y por lo tanto nuevas aproximaciones tanto hacia mi cuerpo como hacia el de los demás.

Finalmente, ya teniendo las fotos, vino la parte de análisis social, donde por medio de una lluvia de ideas – y un poco más de investigación – se dejó una constancia escrita a manera literaria de todos los significantes y símbolos tanto individuales como sociales con las que carga cada una de sus partes. La meta ideal sería por medio de la colaboración de otros individuos el lograr que esta constancia escrita crezca, que se genere un archivo de todo lo que el cuerpo representa a múltiples niveles y que este sirva como método de autoconocimiento y de conocimiento social.

En resumen, este proyecto permitió una nueva apreciación del cuerpo donde éste deja de ser un objeto de consumo y por tanto de venta. Debido a que somos nosotros mismos quienes producimos las cualidades y características de nuestro cuerpo por medio de una serie de decisiones individuales y colectivas estas son susceptibles de ser cambiadas. Es una exploración que propone la descolonización así como la despatriarcalización. Por lo tanto, este no es el fin.

Este proyecto se convirtió también en una herramienta que puede usarse por cualquier persona; la esencia de él está explicada anteriormente y puede ayudar a que cada individuo desarrolle sus propias maneras de explorarse, de cartografiarse, de buscar entender su posición social en este mundo moderno. En este sentido, considero que la fotografía no es un elemento indispensable para poder generar nuevas cartografías.

Un proceso tan íntimo e introspectivo como lo fue éste no puede evitar – paradójicamente – querer salir, abarcar más cuerpos, plantear más preguntas. Considero necesario para cada persona el tener la capacidad de explorarse a uno mismo, de comprender que yo no soy sólo yo, sino todas las personas y todos los procesos que permitieron mi existencia y entender la manera en que estos se ven visibilizados en el día a día por medio del uso corporal. Un enfrentamiento tan fuerte como el que permite el estar sólo y solitario con uno mismo, sin ropa, sin tapujos, sin prejuicios y sin expectativas ante una cámara sin duda cataliza esta meta.

En concordancia con los objetivos de la antropología del arte, estas fotografías sirven como un medio que permite iniciar una exploración individual y social, intelectual y emocional. Ese proyecto busca detonar un proceso, plantear a las fotografías como un agente activo que provoquen movimientos, preguntas, ideas, para así plantear la posibilidad de inventar nuevas realidades, nuevas utopías.

De lograr el impacto visual que se desea, lo cual depende de la posibilidad de socializar estas imágenes y que este proyecto sea replicado por otras personas, este proceso de introspección y descubrimiento puede llegar a modificar la manera en que interactuamos con nuestro cuerpo y con otros. Se busca que este conocimiento que surge de una exploración emocional e intelectual tenga un impacto en el día a día de aquel quien decida adentrarse en esta propuesta. De esta manera la fotografía tomaría un lugar de obra de arte, no para ser contemplada sino para relacionarse con ella, con nosotros mismos, para modificarla y modificarnos, para usarla como herramienta de crecimiento, análisis y crítica.

A pesar de ello hay preguntas pendientes que aún persiguen mi mente: ¿Qué cuestiones invisibles nos permite visibilizar una introspección fotográfica de mi propio cuerpo? ¿Puede esta experiencia exploratoria ser compartida – no replicada – por cada cuerpo-actor? ¿Qué implicaciones sociales tendría una investigación creciente y siempre con posibilidades de expansión de esta envergadura? ¿Cuál es la utilidad de entender los distintos niveles de experiencias y significados que se alojan en mí? ¿Podríamos, a partir de esta comprensión, plantear nuevos usos y relaciones respecto a mi propio cuerpo y relativo a los otros que me rodean? ¿Qué resistencias quiero ver y cuáles quiero promover? ¿Cómo hacer cartografías sin foto?

Las posibilidades a futuro son múltiples. Vivir una profunda transformación íntima y social a nivel colectivo seria probablemente la meta más ambiciosa. Sin embargo, el futuro de este proyecto es abierto y eso lo hace aún más interesante: se podrían crear archivos de gestos y expresiones que sirvan como comparativos sociales; talleres feministas que permitan recuperar el control social y personal del cuerpo; sesiones de búsqueda e introspección que desencadenen procesos creativos y reflexivos. Estos son sólo algunos ejemplos, como dije, el futuro no lo decido yo.

De esta manera permanece abierta la invitación para hacer de este proyecto una herramienta libre, individual y colectiva para que cada quien pueda tener la posibilidad de comprenderse mejor, de construirse nuevamente y de empezar a vislumbrar nuevas formas de relación social.

Hay que apostarle a la producción de conocimiento colectivo y permitir que siga creciendo sin tener a una persona que determine su dirección, por ello todo aquel que se encuentre interesado debe intentar combinar la teoría con la práctica y dejar que se influencien mutuamente, que transformen la realidad mientras la conocen; mantener vivo el interés por crear nuevas formas de ver y entender el mundo y la manera en que nos relacionamos con él.

Mientras tanto, sigamos jugando, explorando, mantengamos en estado de curiosidad y cuestionamiento perpetuo para que sea el mismo proceso quien nos guíe, para que las preguntas nunca se acaben y para aspirar a una reflexión que sea a la vez emotiva, intelectual, crítica, lúdica, personal y colectiva.


ENLACE AL REGISTRO FOTOGRÁFICO:

https://www.flickr.com/people/138510147@N05/

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