VOCES, CUERPOS Y GRAFITIS: Contradispositivos feministas

por Edwin Choque Marquez

Edwin Choque Marquez.

edychm@gmail.com

 

 

Descendiendo por el Camino Viejo –así se llama de manera cotidiana– donde el asfalto gastado y el paisaje urbano es testigo del tiempo, de la historia: un sin número de marchas y protestas de movimientos sociales (urbanos y rurales) han dejado sus huellas. Muchas personas han transitado este camino y otros han manifestado la reivindicación de sus derechos y/o demandas dirigidas al estado central boliviano, cuyas instalaciones de gobierno (el palacio) se encuentra en el centro paceño. El Camino Viejo denominado así porque ha sido reemplazado por una autopista de características modernas; es puente y tránsito de comunicación urbana de protesta y demanda social en distintas ocasiones. Es un camino para el eco de las voces, de los cuerpos que transitan en una movilización social hacia el centro del poder político del país; no es solo un camino común, sino, también es escena de la anatomía urbana, de la historia social, cultural y política boliviana.

En el 2020, descendió la marcha del Ni Una Menos (8 de marzo) para protestar contra el poder del orden cultural patriarcal y sus problemáticas emergentes: la violencia machista y los feminicidios[1]. La marcha –en su mayoría mujeres de diversas organizaciones y colectivxs– hizo presente su indignación a través de su creación e imaginación de las mujeres: cánticos, voces, cuerpos y grafitis.

 

“¡Señor, señora, no sea indiferente se mata a las mujeres en la cara de la gente!”

[1] En este año Bolivia registro hasta el 14 de enero, 13 casos de feminicidio. 

 

 

 

Acompañadas de batucadas producen piezas musicales de agencia. Los cuerpos –políticamente incorrectos– sus voces enuncian lenguajes subversivos: cantan contra la desigualdad y la inequidad de género.

 

LLEGAMOS LAS MUJERES

para defender la tierra

Llegamos a trabajar

hoy se siente nuestra fuerza

Somos trabajadoras

que nos juntamos para luchar

Contra el patriarcado, el capitalismo

a eliminar.

El orden social establecido (capitalista, colonial y patriarcal) se fundamenta en una organización “natural” atribuida a la diferencia sexual y biológica entre hombres y mujeres: “así nomás tiene que ser”, es una frase cotidiana que se interioriza y exterioriza para no cuestionar un orden. Aparecen dispositivos que tejen una narrativa hegemónica que, a través de sus principales instituciones: la familia, la iglesia, los medios de comunicación y la escuela perpetúan la desigualdad. Giorgio Agamben (2011) resume que el dispositivo trata de un conjunto heterogéneo simbólico de cada cosa, discursiva o no. Es una red estratégica que se inscribe y resulta de relaciones de poder y saber. El estado en su papel de dominación y ejercicio de poder produce y reproduce el orden socialmente establecido mediante mecanismos (dispositivos) que legitiman la estructura desigual. Esta forma “naturalizada” es una postura denominada: tradicional, convencional (Lerner, 1990).

Sin embargo, existe un enfoque crítico, que cuestiona el orden social, considera la deconstrucción del sistema patriarcal, capitalista y colonial. Las teorías feministas y las feministas en su diversidad generan contradispositivos en su creatividad e imaginación.  “El feminismo ha influido decisivamente en las luchas de las mujeres con el objetivo de lograr la equidad e igualdad, reivindicando el reconocimiento de la diferencia frente a la estructuración de una sociedad donde la diferencia sexual ha constituido el fundamento naturalizado de la desigualdad entre los géneros”. (Sánchez, 11:2014)

ESTE SISTEMA

que nos oprime

caerá, caerá, caerá

Al patriarcado

lo tiraremos

junto con el capital

No te confundas

yo, ya alistada

pa’ marchar, a marchar, a marchar

Somos las nietas

de aquellas brujas

que no pudiste quemar

Oigan machistas

todas salimos

a luchar, a luchar, a luchar

Este es mi cuerpo

y yo decido, que el aborto sea legal.

 

“Somos las nietas de las brujas que no pudiste quemar”

La lucha por la igualdad y equidad de género de los movimientos feministas no es reciente. En Bolivia, a finales del siglo XIX, Adela Zamudio, escribía versos de indignación contra el poder y los privilegios masculinos; ella es pionera del feminismo boliviano, por su crítica mediante la pluma, como en su poema: Nacer hombre[1]:

 

 

 

Una mujer superior

En elecciones no vota

Y vota el pillo peor

(permitidme que me asombre)

Con sólo saber firmar

Puede votar un idiota

Porque es hombre.

Este es un ejemplo de su agencia y aporte. Actualmente, quienes militan en el feminismo, no solamente están en la marcha del 8 de marzo “Ni Una Menos” sino que, expresan un compromiso políticamente incorrecto en distintos espacios que irrumpen con lo cotidiano. Su militancia política y social está en defensa de los derechos de las mujeres, niños, niñas, derechos de la madre tierra, del medio ambiente y otros que generan su agencia y acción. Sus contradispositivos feministas:  performances, marchas, cánticos, grafitis (en calles y pancartas) componen alternativas, son producciones y acciones públicas que constituyen un lenguaje, discurso simbólico, distinto y poético, de transformación social.

Las organizaciones feministas en la ciudad de La Paz, actúan como agentes de creación e imaginación. María Galindo en una de sus entrevistas, resaltaba “cuando hablamos de la creatividad como instrumento de lucha, estamos hablando de lenguajes propios, estamos hablando de la capacidad de desordenar, desde el punto de vista del orden simbólico…”

[1] Solo es un fragmento del poema. Revisar: Zamudio, Adela (2017). Poesía.

 

 

 

 

 

¡ALERTA!

Alerta, América Latina

va a ser toda feminista…

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