Esto no es un ritual

por Laura Feal

Laura Feal

 

Soy migrante. Soy gallega. He nacido y crecido en un espacio frondoso y húmedo, en la esquina noroeste de España. Por curiosidad primero y por amor después, llevo viviendo casi una década en la costa atlántica pero unos 4.000 km más al sur, en el continente africano. Donde el viento sopla del interior y trae consigo el polvo del desierto del Sáhara. Tengo dos hogares. Y los dos me gustan porque tengo el privilegio de saltar de uno a otro.

Los primeros meses del Coronavirus, con su incertidumbre asociada, me encontraron en Senegal. Mamá estaba débil pero los acontecimientos se precipitaron con las fronteras cerradas.

Mamá murió́ en tiempos de pandemia, el 2 de junio de 2020. A diferencia de otros cientos de miles de muertes, simultáneas, a la suya no se la desposeyó́ de la singularidad. Fue una partida injusta, temprana, dolorosa, pero acompañada, cuidada y morrida. Le dio tiempo a entristecerse lo justo, a recomponerse, a hacer sus rituales, a agradecer y despedirse. Pero no de mi.

Luego, llegue a casa. Sin ella. Así empezó Esto no es un ritual.

 

Los rituales son necesarios y tienen como función instalar un hogar, hacer habitable el tiempo, dar estabilidad a un lugar, reforzar los vínculos.  Esto no es un ritual es un trabajo personal de observación interna y externa. El punto de partida es la búsqueda de un ritual de cierre para la despedida de mamá, que se convierte en una escritura abierta y poética, en forma de diario.

Durante las primeras semanas de esta experiencia vital tan importante, el cuerpo propio se convirtió en una envoltura sensible que se iba traduciendo en palabras y trasladando al papel intuitivamente. Como explica Fontanille el primer acto del lenguaje consiste en “hacer presente” y en ese sentido la escritura del diario funcionó como una toma de consciencia de lo que acababa de ocurrir. Un catalizador de mi cuerpo-frontera que navegaba entre el caos interior y la imperturbabilidad en el exterior de él en esos momentos cruciales.

Según Turner, el duelo es un periodo liminal, marcado por la ambigüedad, la indefinición y la creatividad. En este momento, hija de una sociedad en la que se están perdiendo los ritos de paso, me sentí huérfana de herramientas que me ayudasen a cerrar y necesité buscar mi propio proceso. Así que escuché el umbral. “Los umbrales hablan, los umbrales transforman. Más allá del umbral está lo distinto, lo desconocido”, en palabras de Byung-Chul Han.

Considero mi diario como un documento liminoide, realizado en medio del desconcierto de la vida durante la pandemia de la COVID_19, de las esperanzas de una ciudad en verano, de las rutinas de un mundo que seguía girando… estábamos en medio… pero al margen. “No me ha parecido verano”, dijo un día papá.

Es el mío un cuerpo intoxicado, que se percata de que la visión ordenada del mundo no es tal: lo que era cierto y estable, ya no lo es. El orden y la estabilidad, eran mamá.

En la escritura estoy presente yo, en primera persona, pero también ella, a quien va dirigido, y también una communitas (poderosa, efímera) a la que escucho y pongo en diálogo.  Igualmente hay lugar para el Mundo del que formamos parte, tanto en alusión la Naturaleza como a las personas, aquellas con rostro y lugar, y aquellas invisibilizadas, en ese éxtasis transicional que destaca Turner: “La experiencia de la naturaleza del yo, del mundo, de la totalidad”.

 

Esto no es un ritual es una interpretación a través del lenguaje -de un lenguaje propio, mío- de una comprensión del proceso de duelo, puramente intuitiva, en palabras de Gadamer. Es un fluir. Para ello, he manejado diferentes herramientas de exploración literaria, sonora, visual y plástica, en donde se leen múltiples narrativas y capas, en diálogo. Recurro sobre todo a la reescritura, a la metáfora, a la tachadura y a la repetición. Repetir –apprendre par coeur en francés- lo siento importante, porque solo las repeticiones llegan al corazón, y sin embargo, una repetición siempre implica variaciones: no hay repetición propiamente dicha. Hay también una parte de juego, un camino abierto a lo mágico, al reencantamiento del mundo, pese al momento de dolor… Escribo en laurafeal, en Yo. Y así me compartí con mis seres más queridos.

DEMORAR : Emplear un tiempo determinado o más tiempo del previsto en hacer una cosa // Retardar, dilatar

El duelo no tiene tiempo determinado. La pandemia -ese NO tiempo- me permitió demorarme en transitar por los sentimientos que me iban invadiendo, desde un lugar privilegiado. Como dice Han “sólo un demorarse contemplativo es capaz de clausurar”

Sin embargo, y aunque sentí la narración como una forma de cierre, llegó un momento en que necesité salir del diario para continuar el viaje: una larga caminata que marcase físicamente la transición. En este camino de soledad, lo interno se suda y traspasa el cuerpo para salir al exterior.

A modo de performance, al caminar se le sucedió la quema de lo interno y observacional -páginas del diario- en un lugar potente por su simbología, y ser uno de sus sitios favoritos: un faro, un acantilado. Donde la fuerza del mar golpea con fuerza las rocas resilientes. Lejos de querer olvidar el proceso, lo quiero transformar y convertir en fuerza. Mezclé las cenizas con nuestra tierra, en donde me moras, para que me acompañe a mi casa.

MORAR : Habitar o residir habitualmente en un lugar

En la pieza final está mi madre, que nos recuerda, a través de esa repetición tan de madre, que hay que aprovechar la vida -esa fuerza sintiente y deseante-. Hay una palabra creada en y con el proceso. Hay fugacidad y dilación al mismo tiempo. Al fondo, las transparencias, que me permiten ver el paisaje. Allí donde esté.

Esto no es un ritual sí lo es en realidad. Hay unos símbolos, dominantes e instrumentales, hay un lenguaje específico de carácter performativo, hay un lugar -que me permite habitarlo, demorarme en él-, hay una communitas, un nosotros, una recreación de vínculos. Hay un desgarro y una transformación. Aún en tránsito. Porque lo único permanente es el cambio.

 


Bibliografía:

  • Jaques Fontanille.  “¿Qué Relaciones Hay entre lo Perceptible y lo Decible?”
  • Verónica Gerber Bicecci “Conjunto Vacío”
  • Byung Chul Han “La desaparición de los rituales”
  • Cristina Rivera Garza (lecturas sueltas)
  • Patricia Tovar “Documentación poética, etnografía”
  • Víctor  Turner “El proceso ritual: estructura y anti-estructura”
  • Sara Uribe “Antígona González”

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