Palabra e hilo: un tejido de experiencias colectivas

Ángela Mireya González Rodríguez.

 

Uno de tantos cuestionamientos que transita mi pensamiento es la postura de la mujer en la sociedad, puntualmente las mujeres que me rodean y que veo a diario labrar la tierra, trashumar sus animales o hilar las fibras, esta imagen de mis abuelas, tías, vecinas e incluso mi madre provocan un diálogo íntimo a través de estos tejidos realizados a diario; los oficios son parte de su vida surgen con la cotidianidad y la necesidad de subsistencia, en este acto se forjan sentimientos de arraigo concebidos como la vida misma, así como doña Rosa Moreno quien le ayudaba a cultivar a mi padre y a diferentes agricultores de la vereda, mujer de aproximadamente 55 años que mantiene la movilidad de su cuerpo muy activa a través del cultivar e hilar, juega con los hilos y el huso que se extiende por sus brazos y dedos, esta imagen petrifica mi atención-asombro, suscita una necesidad de diálogo con ella.

Diálogos y conversaciones que acontecen a partir de esta imagen tocan lo sensible incluso lo romántico, posibilitan la creación-reflexión, la práctica, una relación íntima con la señora Rosa que solo el acto del diálogo constante-espontáneo permite consolidar y crear tejidos. El puente de inicio es la palabra, una entrevista que en su momento pensé resolvería mis inquietudes (muy apresurado al limitar el proceso). Ante este pensamiento precipitado que con el proceso se ralentizó cuando comprendí-sentí el hilar al vivir-habitar el oficio. Empiezo trazando una cartografía de mi casa al territorio de Rosa, cartografía fluctuante, casi diaria durante algunos meses, así la gama de verdes, mi bitácora de sonidos, imágenes y palabras fue amplia en conocimientos.

Hitos y nodos se empezaron a fundar en este camino, casa de mi tía Enriqueta (hortensias blancas), casa de mis padrinos (portón de púas), quebrada la rosa (pasar el umbral), y al final del recorrido casa de Rosa (pasar el umbral es insertarse en un territorio, en un cuerpo habitado contenedor de frutos, plantas, animales, memorias, gestos, rostros, sonidos, polifonías … una documentación poética) aquí lo fugaz no tiene cabida la señal de teléfono no llega y las canales de televisión son intermitentes, solo las locuciones de la radio y de Rosa son permanente.

Las primeras preguntas que dan origen aprender a hilar ¿Quién le enseño a hilar lana? ¿qué significa para usted hilar y labrar la tierra? ¿ha sentido diferencia entre hombres y mujeres a la hora de trabajar la tierra? … Rosa responde exaltando el linaje femenino destacando a su madre quien le enseño a hilar: “Mi mamá de chica aprendió a hilar el fique y a tejer las alpargatas… un trabajo que servía para salir adelante, cuando llovía, hacía frío  o no podía salir a trabajar, por cuidar los chicos o porque tenía maluquera, ella se ponía a hilar …y yo de tanto mirar y pasar al pie aprendí a hilar… tome ayude a escarmenar, a torcer…yo decía tengo que aprender este oficio también…conseguí una papa, un palito de zarcillejo delgadito, y de escondidas le quitaba a mi mamá un copito de lana para aprender, me decía que no le echara a pique su lana, como no me quedaba perfectamente hilada yo ensayaba sola, ojalá cuando ella no estuviera mirando y cuando menos se acuerde resulto el oficio … aprendí bien … de tanto vivir y como dice el dicho andando con la miel algo se le tiene que pegar…” (R. Moreno, comunicación personal, 10 julio de 2021). A la vez afirma acerca de los oficios que realiza: ¡pues claro! Es que es un oficio que lo fortifica a uno, uno lo siente,  porque si se está sin hacer nada se enferma de todo en cambio uno trabajando se distrae se divierte, más cuando  era en obrerada aunque sea echaba cháchara barata dijeron (risas) uno se distrae, la pasa bien, entonces ahí es cuando el trabajo no es esclavizante, es como un deporte yo digo que es como un deporte porque la pasa uno bien  se distrae no se enferma uno tanto , porque que uno en la casa se estresa, uno dura en la casa un día y quisiera salir corriendo más bien, ¡no!, uno hace todo lo que hay en la casa pero sin embargo siente que algo le hace falta y es el oficio al azadón o hilar lo que más o menos se hacer… (R. Moreno, comunicación personal, 4 de junio de 2021). A pesar de nuestra lejanía ella brinda calidez, humor y originalidad, son las respuestas de una mujer autónoma y vigorosa que mantiene una postura- reflexión acerca del oficio que vive.

A partir de este primer diálogo un poco formal da continuidad a muchas preguntas, vivencias y experiencias en el tiempo-espacio que generan un vínculo/enraizamiento con este cuerpo habitado entiéndase como territorio-Rosa que abriga, acompaña, habla de lo femenino de una historia, un cuerpo vivo, pero ante todo habitado por el hilar la palabra, la tierra, las memorias y las fibras que la rodean.

Cuerpo es unión de fibras, es lenguaje y tejido que adquiere la condición de materia expresiva; donde Rosa: “Auténticamente como soy porque si me quito la gorra me arreglo ya no sería yo, ya sería un montaje, ya tengo que ponerme, se podría decir que es disfrazarme, y yo soy así como soy ni tan tan ni muy muy, de todas maneras, yo soy natural, a mí no me gusta ser lo que no puedo ser o lo que no quiero ser.” (R. Moreno, comunicación personal, 16 de septiembre de 2021), ella se encuentra con su territorio en la intimidad del oficio cotidiano comprende el mundo desde su experiencia, en tanto que el habitar construye redes de cuidado y afecto maternal, el sentir y el saber hacer, pensamiento encarnado donde lo inefable se hace presente.

Solo en el encuentro cuerpo-hilo-palabra comprendí que es sentir el hilo algo que en principio fue mecánico y no funciono, en uno de tantos encuentros dialógicos aprendí a hilar viendo a Rosa(mujer maternal al enseñar),  “Por eso es hilar porque se va masajeando tratando de que quede finita ese es el detalle, para mí el hilar más que oficio es un ejercicio, se mueven los dedos, el brazo, las manos, se mantiene la movilidad todo es movimiento, todo es ejercicio, lo mantiene vigoroso no lo aburre este oficio… puede coger su copo ir a ver el ganado, ir a pasear dar una vuelta” (R. Moreno, comunicación personal, 13 de septiembre de 2021), escuchando sus palabras sentí el hilo por mis brazos un abrigo que se transforma en trama resistente, danza de tensión-torsión entre palabras, huellas que se entretejen y se impregnan en este hilo.

Sus fieles acompañantes pimienta, rocket y mateo, sus nietos Samuel y Estefanía compañeros itinerantes, mantienen un vínculo muy sólido con Rosa, ella también le enseña a su nieta de 10 años a hilar: un palo como huso y una papa de tortero, (todo se utiliza nada se desecha el valor de los objetos-reutilizar), así tres generaciones unidas a un hilo de diálogos extensos. Mientras hilábamos que generalmente lo hacíamos en horas de la mañana, las onces no faltaban una costumbre de los hogares rurales, en días fríos agua de panela con hierbas de la huerta y de vez en cuando un envuelto, o los almuerzos de habas verdes. En cada encuentro la trama se hace más fuerte, crecen las palabras-significados y su memoria al igual que la mía se van uniendo en el hilo.

En este ciclo las palabras se comparten al mismo tiempo que aquello de lo que se habla se guarda, se entreteje, simultáneamente se hila una idea que balbucea y recorre mi pensamiento la necesidad de crear, de decir al otro, de darle lugar a esas otras voces que construyen veladuras de relatos… Aquí estamos… encontrándonos, coincidiendo en el espacio-tiempo que se presenta en instantes: una sonrisa, un gesto, una obturación, un aleteo, un suspiro… estoy aquí, como un ser sensible tratando de juntar estas memorias, haciendo presente lo ausente, hablando de un territorio-cuerpo habitado.

Así como las etapas del cultivo o del hilar, así se entreteje este proceso creativo: -inquietudes, conflictos, vivir el proceso-dejar cocinar, registrar, cuerpo móvil-activación sensorial, escribir, recrear, bocetar, perderse-encontrarse, diálogo-co-crear, resonancia-empatía, transitar-recorrer, conocimiento encarnado-cuerpo habitado; un conjunto de experiencias o metodologías que hablan de mi propia microhistoria a través del co-crear dialógicamente. Situar mi práctica artística parte de encontrarme con los otros, devolverme al territorio; con esto quiero decir, que se crea a partir de las relaciones, los vínculos, el aquí y ahora de la experiencia, donde es posible hacer, en este sentido mis prácticas son nuestras prácticas; hacemos presente identidades, memorias, historias que sólo pueden acontecer en relación con el otro, una membrana colectiva, una extensión simbólico cultural.

– ¿qué crear? … un índice orgánico que contenga la experiencia

– ¿qué contener en este índice? Memoria, historias, cuerpo, movimiento, palabras-significados, sonidos, polifonías, gestos…

– ¿qué siento cuanto diálogo con Rosa? Abrigo, resguardo, abrazo, maternidad …

– ¿qué hilamos? Palabras, hilos, fibras …

– ¿qué materias se entretejen? Tierra, hilos, lana (formas orgánicas) …

– ¿qué polifonías compartir? Voz Rosa, ambiente del territorio, sonidos de los objetos …

Alrededor de estos interrogantes y otros cuantos el índice[1] va tomando forma orgánica y junto a Rosa nace cuerpo habitado una experiencia dialógica (pasaron muchas ideas por mi cabeza para dar forma); la idea que dio base a esta experiencia fue un abrigo de lana tridimensional (es lo que yo sentí cada vez que me reunía con ella “abrigo”, al caminar por su territorio donde no había noción del tiempo), la necesidad de un índice que pudiera contener y al mismo tiempo responder al proceso del hilar donde los sonidos sean parte de este y a la vez invite a una experiencia sensorial.

Abrigo lo construye hilos-tiras de lana colgadas en forma circular en dirección vertical reinterpretando los movimientos de Rosa (siente la lana-textura a través de un recorrido que hace con sus dedos un movimiento orgánico), cada hilo cuenta los procedimientos del hilar: -apertura- lana escarmenada: situarme en la casa de Rosa sentadas escarmenando un quite de lana (escarmenar separar las fibras de lana para que tome una textura homogénea y permita un mejor hilado), sacábamos metros de tiras de lana  para hacer copos (copo una especie de nido de lana que se envuelve  en la mano para evitar que la lana se divida y permite mayor movimiento a los brazos), a veces solo nos dedicábamos a escarmenar y recordar, así se yuxtaponían consejos importantes del hilar con sus memorias, antes de escarmenar es necesario lavar el quite para que se deje trabajar mejor y al terminar lavar las madejas como una purificación/limpieza. La grasilla de la lana ayuda a que se hile mejor que no se reviente, según ella hay quites de lana pequeños, es decir que no la cortaron al año si no que fue un poco antes esto hace que al hilar la lana se reviente, cada vez (que no eran muchas) que se desunía la lana ella lo unía nuevamente era sublime el momento en que reparaba, me decía -no se pierde nada del quite si sobra algunas puntas dañadas son para la cama de pimienta.

Los copos de lana se transforman en un hilo torcido (torcer es unir dos hilos de lana en uno solo, juntar dos fibras: Rosa utiliza su sombrero como extensión/mecanismo; las madejas de lana en el canasto, se toman dos madejas y a través del sombrero el huso y el contacto de las manos se giran los hilos hacia adentro para formar una hebra resistente)  que se extiende y se une al hilo sin torcer envuelto en el huso (palo delgado redondo y largo similar a una flecha, en un extremo tiene dos orejas y en el otro una punta para insertar el tortero) ¿cómo hacer los husos? Luis vecino de otra verada (soconsaque -Boyacá), hijo de familia que tejía cotizas/alpargatas he hilaban fique, uno de los pocos habitantes que conserva la tradición de hacer husos talló algunos de estos (se necesita un tipo de palo específico, para que el huso sea resistente). Al mismo tiempo, una búsqueda en las plazas de mercado de algunos municipios para encontrar los husos, pero estos han desaparecido considerablemente (desaparecen los objetos del mercado), con excepción en la plaza de mercado del sur ciudad de Tunja aun un puesto los comercializa, esto me da entender como el mercado se va modificando y simplemente desaparecen o son remplazados por otros objetos, según la demanda del mercado.

Rosa construye sus propios torteros puede ser la base de la zanahoria-papa o un elemento que genere contrapeso hacia la tierra para que el huso pueda girar. Así los torteros de cuerpo habitado los amasamos con tierra (arcilla), se moldea y da forma al tortero el equilibrio del movimiento. Un conjunto de experiencias que atraviesan y se entretejen entre los dedos, los ojos, los labios, nos hacen cuerpos sensibles.

Cuerpo habitado

Mujer, tierra, tejido

Palabra, hilo, fibras

Unión separación vínculo

Experiencias fluctuantes

Materia expresiva

Cartografía sentida

Hilar, labrar, surcar

Cocinar, ordeñar, trashumar

Formas, colores, tierra

Relato vida

Cuerpo, territorio vivo

habitado por el ritmo del hacer

autónomo, versátil, danzante

Manos femeninas sabias tejedoras

Manos tejen diálogo palabra

Dedos entretejen textos

Memoria cotidiana

Tejido de huellas

Poesía sensible, voz maternal

Conocimiento encarnado

Reconocerme/nos

Enraizar mis pies mis manos

Sentir la palabra

Murmullos de un paisaje

Encuentros, sonidos, ambientes

Miradas compuestas

Narrativas que devienen

Paisaje de verdes

Redes de cuidado y afecto

Rosa, María, Pureza

Mujer, madre, abuela, tejedora

Movimiento enraizado

Hilos, dedos, lana

Alfombra, tierra, paisaje

Piel, ruana, abrigo

Protege, resguarda, acobija

Ella hila, devana, tuerce

Madejas, palabras, tierra

Voz, risas, historias

Hilar fique, tejer alpargatas

Escarmenar, torcer

Devanar, doblar, enmadejar

Papa-mortero

Palo-huso

Copo-lana

Movimiento: izquierda-derecha

Tensión- torsión, ir-venir

Recorrer sentir oler

Memoria intima-colectiva

Danza, movimiento, resistencia

Diálogo dedo fibra

Historias saberes

Deshacer hacer

Sentir significar

Palabra lengua

Mirada tacto

Gesto signo

Recorrido, sendero, casa

Rio, texturas, labranza

Abrigo, maíz, flor

Pájaro, vuelo, canto

Ritmo, viento, sol

Leña, braza, sazón

Trazo surcos sangre tierra

Tejido mundo conocimiento

Ciclos naturaleza cuerpo

Consciencia habitar territorio.

 

 


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